DOS

si me preguntaras si pienso en vos,

podría hacer dos cosas:

decir la verdad

o decir que no

SI 

Si pudiera olvidarme o tan solo dedicarle menos tiempo a pensar en eso;  los primeros días de hojas en el suelo; el ritual de llamada y besos apurados; el café, el vino, o el postre; los dedos que enreda en el pelo mientras piensa en no sentir o siente que es mejor no pensar. Lo haría, creeme,  sin dudarlo, y me grabaría en los párpados que eso, amor no fue, ni es, ni será; y que es suficiente entonces, que basta de oler una flor y soñar con un bosque, que lo que ves, es lo que hay, y lo que no ves, no existe; que si lo tuve, ya no lo tengo, y que es simplemente estúpido seguir pensando en eso.

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muchas veces me confunde lo que veo, lo que pienso, y lo que está, ¿me pasa solo a mi? la vista se vuelve borrosa enseguida. miro fijo y después ya no veo más. la primera vez me dio miedo, ahora lo busco. cuando tenía 12 el silencio me ensordecía y dejaba la radio prendida hasta dormirme.

la ansiedad que me genera ser validada la escondo con una verborragia que da asco. qué quiero qué soy qué busco son preguntas que es un lujo poder hacérselas. las cero cuarenta y tres. ¿alguien me escucha? ¿alguien entiende qué quiero decir?

YA NO

estoy cenando una ensalada que en donde trabajo iban a tirar a la basura.

escucho Sumo y siento nostalgia por un Buenos Aires donde ni siquiera viví.

le saco una polaroid a mi plato, no se bien porqué, nada de este momento es especial.

no se si te quedó claro el otro día, pero no me interesa gustarte. ya no.

cuando era chica, me decían que quería llamar la atención. sentía tanta vergüenza. expuesta, con mi secreto oscuro al sol, tonta, las tontas eran las que hacían eso. las señoritas no.

hoy tengo el pelo sucio y tengo ojeras.

si me vieras ahora, no pensarías que busco impresionar.

LE LLAMO ASÍ

le llamo poema a todo eso que no puedo convertir en una historia

que tiene una protagonista, yo, en la versión que menos me gusta

ansiosa, y cansada, y repetitiva

que no está bien pero tampoco suficientemente mal como para pedir auxilio

 

PERSONAS COMO YO​

A una persona como yo, lo que la desarma es el imprevisto, el caos, que te hayas dado el lujo de romper mis esquemas. Clavaste la bandera de la soledad como una conquista. Elegirte era odiarme y odiarme, mi fin.

La manera de insistir.

La humedad.

La flor blanca muriéndose al lado del colchón.

Las llamadas que no atendí.

Las cosas que preferí ni saber.

MARZO

los primeros fríos me agarraron desprevenida. me pasa porque me creo la falsa promesa de eternidad y juventud que me hace el verano cada año.

el alprazolam. antes me gustaba que los ojos se me fueran cerrando y perder el control sobre el momento en que me quedaba dormida y que el libro me pegara en la nariz. ahora es simplemente imprescindible si es que quiero dormir una noche de corrido sin despertarme sobresaltada por el sueño en que quiero correr y los pies se me enraízan a un suelo gris. no importa. los demonios están afuera y los enfrento. el paraíso no iba a durar todo lo que yo quisiera. sigo queriendo tomar café sola.

hace frío por acá.

EN MI RELOJ

en mi reloj siempre son las tres. la flor se marchita al lado de la cama. el libro a medio terminar tirado en el piso. estiro los brazos y “sí, así debe de sentirse el querer”, digo. anestesia. si te hubieras conformado con las noches, esto se evitaba y los amaneceres seguirían siendo solo mios. “es que a veces no se que pensás”, tuve que decir, y de ahí todo para abajo, porque cuando no hay misterio, hay realidad y la realidad no es para niños. a lo del lado izquierdo nunca quise llamarlo por su nombre pero ahora sé que existe.  ¿dónde está el botón? ¿cómo apago esto? el café ya frío en la mesa de luz. anestesia.

en mi reloj siempre son las tres.

POEMA CÓMPLICE

Solo vos y yo sentimos esa madrugada. Te acercaste y pediste irnos y yo, quieta, solo me salió decir que sí.

Para qué pensar porqué pasan las cosas, estamos acá y la vida es esto. Me gustaría creerlo, te dije, y seguiste hablando de cómo se hace para vivir sintiendo y no pensando, mientras me concentraba en que las lágrimas quedaran en mis ojos.

El cigarro que encendías e iluminaba por instantes mis brazos de verano. Me apretaba contra mi pecho para apretar también lo otro, para que no vieras mi hipocresía inconsciente, para que no me escucharas nombrarte con rabia y odiar en silencio el mundo que no es verdad.

Solo estaba yo y solo estabas vos. O quizás vos no estabas y era yo; y eso me bastó para vibrar por dentro. O eso me dije para callar el silencio.

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